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União das freguesias de Ruivães e Novais

Dos tierras minhotas de piedra y devoción, entre el verde cerrado.
1 fiesta registrada en esta freguesia

fiestas en esta freguesia1

qué ver

Capela do Calvário (capilla de Calvário), autorizada en 1672 y concluida en 1674, importante centro de devoción de la comunidad.<p>Quinta da Carvalheira, propiedad rural que se remonta al menos al siglo XVI, con su capilla.<p>Estação arqueológica de São João de Perrelos, vestigio de la antigua ocupación del territorio.

sobre el lugar

En el municipio de Vila Nova de Famalicão, la União das freguesias de Ruivães e Novais se esconde entre el verde cerrado del Minho, por caminos antiguos y capillas de piedra. El yacimiento arqueológico de São João de Perrelos recuerda que estas tierras estuvieron habitadas desde hace mucho tiempo, y la Quinta da Carvalheira, documentada desde al menos el siglo XVI, muestra cómo se organizaba la vida rural en esta comarca.

historia

Hay tierras que se esconden en el verde cerrado del Minho, entre caminos antiguos y capillas de piedra, y Ruivães e Novais son dos de esas tierras del concelho de Vila Nova de Famalicão. Caminando la una junto a la otra, cada una guarda su propia memoria, sus santos y sus silencios, y juntas forman un rincón del Minho donde el tiempo parece correr más despacio.<p>La historia de estas tierras se lee en los vestigios que el suelo ha ido guardando. El yacimiento arqueológico de São João de Perrelos es testimonio de que aquí ya se vivía y se trabajaba desde hace mucho, en una continuidad de gentes que unió el pasado remoto con las aldeas de hoy. Lugares como estos nos recuerdan que estas parroquias no nacieron ayer: fueron construidas por manos que labraron la tierra, levantaron muros y dejaron piedras donde todavía hoy se adivina la vida antigua.<p>Las gentes de Ruivães e Novais son, ante todo, gentes del Minho — apegadas a la tierra, a la vecindad, a la comunidad que se reúne en torno a sus iglesias y tradiciones. Es una población que conoce el valor del trabajo y de la ayuda mutua, que mantiene vivas las costumbres heredadas de padres y abuelos, y que hace del compartir — sobre todo en la mesa y en los días de fiesta — uno de los pilares de su manera de ser.<p>En lo que respecta al patrimonio, hay aquí lugares que merecen paso lento y mirada atenta. La Igreja de Ruivães (iglesia de Ruivães) es un punto de referencia, casa de oración y reunión de las gentes, con esa presencia serena que tienen las iglesias parroquiales en las aldeas del Minho. En los alrededores, la Igreja de São Miguel de Seide y la Igreja Paroquial de Vermoim marcan el paisaje religioso de esta región, mientras que la Capela da Quinta da Carvalheira, más recogida, muestra cómo también las fincas y las casas solariegas supieron guardar sus pequeños santuarios. Y al fondo, siempre, el yacimiento arqueológico de São João de Perrelos, que invita a quien pasa a imaginar a quienes vivieron allí mucho antes que nosotros. Son lugares con alma, de los que no se visitan con prisa.<p>Las tradiciones son el corazón de estas tierras. En Ruivães e Novais, como en todo el Minho, la vida comunitaria gira en torno a las devociones religiosas y a los encuentros que reúnen a toda la aldea. La fe popular se mantiene fuerte, y con ella toda una herencia de costumbres que pasan de generación en generación: el vínculo con la parroquia, el cuidado de las capillas, el gusto por reunirse en celebración. Es en esa capacidad de preservar lo recibido donde la comunidad muestra su identidad más verdadera — un pueblo que no olvida de dónde viene.<p>En la mesa, Ruivães e Novais comparten con todo el concelho de Vila Nova de Famalicão una gastronomía abundante y honesta, hecha de sabores que reconfortan. El bacalhau à lagareiro (bacalao asado con generoso aceite de oliva y patatas), el cabrito assado (cabrito asado) que perfuma las cocinas en los días de fiesta, y el cozido à portuguesa (un sustancioso cocido portugués), plato de reunión y abundancia, son presencias seguras en las comidas que juntan a las familias. Los rojões à moda do Minho (trozos de cerdo braseados al estilo del Minho) son quizás el retrato más fiel de esta tierra, con toda su sabrosa riqueza y la sabiduría antigua de aprovechar bien el cerdo. De los ríos llegan platos como la molhata de enguias (guiso de anguilas) y la sopa de peixes do rio (sopa de peces de río), recuerdos de una gastronomía ribereña que no se pierde. Y para rematar, la repostería: el pão-de-ló de Famalicão (un bizcocho suave y dorado), el pirilau do Padre Ambrósio y el bolo de noz (pastel de nueces), dulces que cierran la mesa con la dulzura que el Minho sabe dar. Comer en estas tierras es, en el fondo, compartir la identidad de un pueblo que hace de la generosidad un gesto de hospitalidad.<p>Ruivães e Novais son, así, dos tierras del Minho que invitan a aflojar el paso: a entrar en una iglesia, a sentarse a la mesa, a conversar con quienes allí viven. Quien las busca descubre la tranquilidad del campo, el peso sabroso de la tradición y la certeza de que, por aquí, las raíces siguen bien arraigadas en el suelo.