historia
En el corazón de Chaves, donde las viejas casas se apiñan en torno a calles que guardan siglos de paso, se encuentra la freguesia de Santa Maria Maior. Es aquí, en pleno centro de la ciudad de Chaves, donde la historia respira más hondo — una tierra que fue, durante mucho tiempo, la única parroquia de todo el concelho, la matriz de la que partía la vida religiosa y comunitaria de Chaves.<p>La memoria de esta freguesia se confunde con la de la propia iglesia que le presta su nombre. La Igreja de Santa Maria Maior (iglesia de Santa Maria Maior) fue, a lo largo de los siglos, la sede de la parroquia y pasó bajo la autoridad de las diócesis de Braga, de Miranda do Douro y, de nuevo, de Braga. En esta tierra se perciben las capas del tiempo superpuestas unas sobre otras: se dice que el templo románico original habría nacido a mediados del siglo XIII, quizás ya en el XII, levantado sobre una iglesia visigótica anterior, y ésta, a su vez, sobre un templo romano aún más antiguo. Pocos lugares expresan con tanta elocuencia la longevidad de Chaves como estas piedras, que han visto pasar a romanos, visigodos y tantas generaciones de flavienses.<p>Las gentes de Santa Maria Maior son las gentes del centro vivo de Chaves. Viven rodeadas de patrimonio, con la Câmara Municipal a dos pasos, la Torre de Menagem asomando por encima de los tejados y el Museu da Região Flaviense custodiando la historia de la tierra. Es un día a día hecho de cercanía, en el que la plaza, la iglesia y el museo componen el escenario cotidiano de quienes aquí viven y de quienes aquí llegan.<p>El patrimonio de esta freguesia tiene alma y profundidad. La Igreja de Santa Maria Maior, catalogada como Bien de Interés Público, es un libro abierto de estilos arquitectónicos: al cuerpo románico primitivo se añadieron, en las grandes obras del siglo XVI, dos portadas manieristas integradas en la estructura existente. En su interior, las tres naves se abren bajo un techo de madera decimonónico, mientras que los retablos barrocos y los azulejos tradicionales portugueses aportan color y luz al espacio. En un anexo de la iglesia matriz se instaló el Museu de Arte Sacra da Região Flaviense, rama del Museu da Região Flaviense, donde se conserva y expone el arte religioso reunido a lo largo del tiempo. Quien visita Chaves y sube hasta el centro histórico encuentra, en este conjunto, uno de los puntos más destacados de la ciudad — un lugar donde la fe, el arte y la historia se dan la mano.<p>En sus costumbres, la freguesia mantiene viva la llama de las tradiciones colectivas de Chaves. Aquí arraigan el Grupo Folclórico de Santa Maria Maior y el Club de Chaves, que perpetúan los cantos, las danzas y los hábitos festivos de la tierra. Entre esas costumbres figura la distribución de caramelos (golosinas), gesto dulce y popular que acompaña los momentos de celebración de la comunidad y que forma parte de la memoria afectiva de quienes crecieron por estos pagos. Son gestos sencillos, pero es en ellos donde la identidad de un pueblo se transmite de generación en generación.<p>En la mesa, Santa Maria Maior comparte con todo Chaves una gastronomía y una repostería de carácter propio, reconocidas por su calidad y su personalidad. Es tierra donde el folar de Chaves (pan tradicional local) ocupa un lugar de honor y donde el afamado Pastel de Chaves (un hojaldre crujiente con relleno sabroso, protegido por su Indicación Geográfica) sigue conquistando a quienes lo prueban — símbolo gastronómico de la ciudad conocido mucho más allá de las fronteras del concelho. Los productos de la tierra hacen el resto: el fumeiro (embutidos ahumados), las carnes variadas, el pan y tantos otros sabores regionales que componen una cocina de confort, generosa y sin prisas, como manda la tradición transmontana. Probar Chaves es también una forma de conocerla, y Santa Maria Maior está en el centro de ese descubrimiento.<p>Visitar esta freguesia es, en el fondo, entrar en Chaves por su puerta principal: recorrer su centro histórico, levantar los ojos hacia la Torre de Menagem, detenerse en la Igreja de Santa Maria Maior y dejarse envolver por los sabores y por las gentes de una tierra que ha sabido guardar intacta su condición de corazón de la ciudad.